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LOS MALOS SUEÑOS.

Los malos sueños.

De vez en vez llaman a mi puerta
(cuando tengo la precaución de cerrarla),
o simplemente,
pasan,
se sirven café,
fuman hasta el último cigarro,
se acomodan en la cama
sin un mínimo
de escrúpulo en su mirada.

Alguno,
toma el control del televisor.

Por eso,
carece de sentido seguir en casa.

Prefiero salir
hasta que cese
la invasión.


Otras veces
se cuelgan de la noche,
absurdos,
desnudos,
y fatales
no dan lugar para la huida.

Yo,
hago volar una estela de escamas
en el apolillado esfacelo de sus naufragios.

Ellos,
dejan en mis parpados cerrados
el violeta pendular de las horas;
ese olor a ceniza
a vela que arde
en la vanidad de su pabilo,
a un nuevo día que llega...

la luz del baño
es un faro en la distancia;

pero,
el tiempo pasa
sin que quieran irse
de aquí.

Es cuando pierdo toda esperanza de ser cortes
y opto por sacarlos a patadas de la pieza.





Sábado 14 de marzo 2009.



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