
Hace diez días que me encuentro de licencia en mi casa, esto a raíz de una complicación de una hernia umbilical que estaba graciosamente hace quince años en mi abdomen, tomándome esto yo como si la hernia no existiera para nada. La voluptuosa hernia creció a sus anchas hasta que se atasco en el anillo del ombligo, la bola gigante junto con mi pobre mujer, todos, terminamos en la sala de urgencias del hospital de la mutual, cosa que no le gusto para nada al cirujano de guardia que amablemente dijo - mire, hay que operar ahora mismo, además; usted es un inconsciente, pero bueno, pase, deme sus datos, acuéstese en esa cama-.
Pasado un tiempo, se saco sangre, se coloco un suero, algunos analgésicos endovenosos, se procedió, detalles más o menos a ingresar al tonto que escribe a la sala de internación con la aprobación de los nuevos cirujanos que ya habían hecho el cambio de guardia con el anterior médico. Algunas buenas horas después fui trasladado bien bañado en bata a los quirófanos del hospital donde el simpático doctor anestesista me explico el procediendo: primero una anestesia raquídea si llevaba más tiempo la cirugía abdominal habría que hacer anestesia general con intubación orotraqueal, la mar en coche, y uso de fentanilo.
Finalmente desperté en la habitación del hospital confundido bajo los efectos de variados fármacos. El servicio de la obra social fue excelente: los enfermeros, ordenanzas, médicos, como el resto del personal. Mi mujer, mis padres, hermanos, cuñadas incluidas, felices, con la cirugía, con los dieciochos puntos que quedaron en la guata (pero que en realidad era un gran bulto dado por la hernia donde antes estaba el ombligo), por suerte, sí se pudo colocar una malla protésica. Salvo por los efectos residuales de la anestesia general (qué fue lo que ocurrió finalmente), la urgencia, se resolvió de maravillas gracias a Dios.
Pasada una noche de reposo nosocomial, se dio el alta. Ya en casa escribí este poema, el que voy a dejar acá bajo; creo que lo hice por el miedo que sentí y por todas las drogas que usaron esa tarde. El poema se llama Fentanilo, si, disculpen la originalidad. Muchas gracias.
Un océano crepuscularva dejando palomas muertas,con la misma persistenciaque tiene un perro ovejeroal traer una pelota rojaal borde de unos pies descalzos.
Sobre la arena húmedade aceite y de petróleose preguntó:
-¿por qué tantos pájarosyacenbajo mis pies desnudos?-
Él siempre había creído,que en la costasólo habían gaviotaso pelicanos.
Disfruto por un momentode ese ardor dulce y melosoque deja en la piel picosael fentanilo.
Después de un tiempo,que era eterno,volvió a sentir los ecosde otro océanobajo su piel que ardíade cangrejos
y
cuervos degolladoscon cuencas oculares vaciadasen la gélida playa;negros,espesos como el petróleode otro nuevoy
aterido anochecer :sin ninguna luz yaen las pupilas abiertasde estar muerto.
(18.01.2024)