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Quemar las naves.


Yo soy así, escucho música, escribo un poema,

dejó que el día pase insujetable, como el agua.

Como el agua limpia que canta 

en las acequias empedradas de Mayor Drummond  .

gus c.


La palabra canta en el bosque, en la rama, en su hoja desnuda se viste el benteveo de árbol sonoro. 

Golem.


Soy el poeta, el doliente. 

Nacida de la palma de mi mano la flor nocturnal de los sueños

preña el mundo de poesía... 

de entreparentesis.



Quemar las naves.


Soy el muerto,

el olvidado,

el polvo iridiscente ahorcado en la luz del crepúsculo,

el que junta palabras de una tristeza sola

como junta el viento indistintas hojas secas

en el otoño citadino de Mendoza.


No mires mi corazón,

mi corazón de brújula perdida,

porque su sangre de escasa tinta ocre,

corre en paralelas venas

verde cómo el musgo 

del olvido,

inútil

como la fe

de los suicidas.


Oh, amor


de pies pequeños

como

efímeras mariposas

golpeando el prístino cristal del tiempo.



Tus pies,

ovillos de blanca lana blanda

en la espera áspera del silencio,


ovejas de mis sueños

de un niño que no duerme.


La mañana de estío trago la única flor de nuestra pasada primavera cuando caminabas por la pieza, nerviosa, buscando la luz de la ventana. Yo no sabía cómo llamarte; entre mi paladar y mi lengua tu nombre se había perdido. Enciendo, tal vez, el último cigarrillo que me queda, entrecierro los párpados y las pestañas de mis ojos borran el espacio que me rodea en la habitación vacía.


¿No sé cómo llamar, allí, dónde estes?


Oh, silenciosa.


Oh, nostalgia mía:


Eres mi soledad,


la luz que en la capilla ardiente de mi alma deja su adiós de piedra,

la arena impostergable del tiempo,

el profundo mar donde todo se hunde con el peso imposible de los años,


donde los peces implacables del destino picotean la salobre carnada de las lágrimas.


Y ...


mi corazón se acostumbró al dolor,


mi corazón

de hojas muertas,

las que los viejos queman al borde de la calle,

se lo lleva de la mano el frío viento amarillo

del otoño.


Y…


Tu corazón 

tu maravilloso corazón,

tu luminoso corazón

mi amor


ya no me espera.





sábado 16526.



Copyright ©Gustavo Cavicchia. -
Todos los derechos reservados. 

El arpa tartamuda.

Salva un árbol
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La lluvia de ayer:



es igual a la lluvia de hoy,
es tan igual que no sabría
en cuál de las dos me estoy lloviendo.

Será qué el agua es siempre la misma.

Sé que llovió ayer
y sé que llueve hoy
pero mañana talvez si llueva
o talvez no llueva
o tengamos un sol tan radiante
como en enero, aunque estemos bien entrados en abril.

Por eso creo que vos sos como la lluvia,
porque tenes esos ojos de un color imposible y
tus cabellos son grises ya y
tu cuerpo corre entre mis dedos como el agua
de la lluvia.

Te acordas de ese poema,
el que una vez te regale,
el que decía:
hoy quiero vestirme de lluvia.

Yo sí me acuerdo.

Gracias por seguir junto a mí
bajo esta lluvia
que es de los dos
para que no volvamos a estar solos.

Mañana no importa mi amor,
el tiempo no existe,
el futuro es un invento de los cobardes.

Mañana llueve, como hoy,
como llovió ayer.

Y vos vestida de mí
y yo de vos.

Mi amor.




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Otro pájaro rojo


Hoy me desperté pensando en este poema... cosas que pasan en los sueños.

tantas cosas rotas
la vida es un error de cálculo
sumas y restas de la misma duda

la resultante es el hoyo que forma el horizonte
donde el amor cae en otra fractura
aprendo a viajar con el corazón astillado

la pregunta es una sola
la respuesta son muchas
la verdad es siempre una herida

el caracol de tu oído
tu nariz pequeña de hembra
tus largas piernas rectas

esa es la incógnita
tu cuerpo es la pregunta
dónde estará la respuesta

los pájaros comen manzanas
así pasan los días
extranjeros entre las sombras de las hojas

caen al vacío cuando están maduros
sin ruido entre plantas hambrientas
son en el suelo verde dispersos puntitos rojos

la poesía corre
se oculta en el último árbol que crece en el bosque
entre la luminiscencia de las ramas

entre tantas cosas rotas
entre tus rectas piernas cerradas
siento caer otro pájaro dentro del pecho

pero ninguna roja manzana



By gustavo cavicchia
Marzo de 2021.





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Cuaderno de notas.



1.

Su extraño corazón de hojas.

Nadie quiso habitar ese lugar,
sino el mar
o la noche amanecida

de los locos:

un minotauro desbocado por las sombras,
un ave de luz vencida de improperios.


El hombre tenía en su corazón un pueblo;


fantasmas
desde una ventana donde nadie jamás prendió una lámpara,
con calles y esquinas de un asfalto húmedo,

abandonado

y no lo sabía.

2.

Un perro de luna
bebe de mi alma.

Baile desmedido:

mi música se enciende
en el perro asustado.

Y ahora bebes de mí, tú,
que haz perdido el rumbo.

3.

¿ Cómo haré para escaparme?
si todas las cárceles están abiertas.
Si todas las llaves son inútiles.

4.

Olvidarlo todo.

¿Dónde estará la casa?
Su puerta abierta.
El ir donde la siesta,
verdosa,
espera,
entre árboles negros.

He de buscar en el atardecer mi propio rostro.

5.

De un papel llevado en el blue jeans...

sobre mi cabeza
baila el universo.
Pájaros y liebres se
apelotonan entre la sangre y
la comisura de mis labios.

Ayer un gorrión de barrio hizo
su nido en la cúspide de
mi hueso fémur.
Por mi pecho camina una mujer
(desnuda) descalza.
En mis pupilas negras ladra un perro

ciego.

6.

Estás enroscada en mi alma

en un sinfín elástico.

No soy nada.

Pero aún así
deseo que me mires,
quiero
estar más allá del silencio de las bocas.

En tu lengua
silenciosa
vive mi nombre.

Soy verdadero
en la luz
que me das.

Soy sólo sí
entre tú y yo
podemos perdernos.

Como una fotografía.

7.

Es el fin
y es lo único que importa.

El miedo también se olvida.




Innominado.

Un sólo pájaro
define el cielo,
la flecha
el arco que la proyecta,
la arquitectura de tus manos
el hacha del leñador,
tu boca el vino
que nombra la prístina copa,
el agua del río
la forma más pequeña que tiene la lluvia
en el perfil rizado del mar.

Una montaña es un animal que duerme.

La palabra
canta en el bosque,
en la rama,
en su hoja desnuda
se viste el benteveo
de árbol sonoro.

No conozco el nombre
de todas las cosas.

Pero un hombre solo,
sólo un hombre,
bajo el sol de la mañana indistinta
define el mundo.


...


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