XXX

Otro pájaro rojo


Hoy me desperté pensando en este poema... cosas que pasan en los sueños.

tantas cosas rotas
la vida es un error de cálculo
sumas y restas de la misma duda

la resultante es el hoyo que forma el horizonte
donde el amor cae en otra fractura
aprendo a viajar con el corazón astillado

la pregunta es una sola
la respuesta son muchas
la verdad es siempre una herida

el caracol de tu oído
tu nariz pequeña de hembra
tus largas piernas rectas

esa es la incógnita
tu cuerpo es la pregunta
dónde estará la respuesta

los pájaros comen manzanas
así pasan los días
extranjeros entre las sombras de las hojas

caen al vacío cuando están maduros
sin ruido entre plantas hambrientas
son en el suelo verde dispersos puntitos rojos

la poesía corre
se oculta en el último árbol que crece en el bosque
entre la luminiscencia de las ramas

entre tantas cosas rotas
entre tus rectas piernas cerradas
siento caer otro pájaro dentro del pecho

pero ninguna roja manzana



By gustavo cavicchia
Marzo de 2021.





Copyright ©Gustavo Cavicchia.-
Todos los derechos reservados. 

El arpa tartamuda.

Salva un árbol
escribe en papel virtual.

Cuaderno de notas.



1.

Su extraño corazón de hojas.

Nadie quiso habitar ese lugar,
sino el mar
o la noche amanecida

de los locos:

un minotauro desbocado por las sombras,
un ave de luz vencida de improperios.


El hombre tenía en su corazón un pueblo;


fantasmas
desde una ventana donde nadie jamás prendió una lámpara,
con calles y esquinas de un asfalto húmedo,

abandonado

y no lo sabía.

2.

Un perro de luna
bebe de mi alma.

Baile desmedido:

mi música se enciende
en el perro asustado.

Y ahora bebes de mí, tú,
que haz perdido el rumbo.

3.

¿ Cómo haré para escaparme?
si todas las cárceles están abiertas.
Si todas las llaves son inútiles.

4.

Olvidarlo todo.

¿Dónde estará la casa?
Su puerta abierta.
El ir donde la siesta,
verdosa,
espera,
entre árboles negros.

He de buscar en el atardecer mi propio rostro.

5.

De un papel llevado en el blue jeans...

sobre mi cabeza
baila el universo.
Pájaros y liebres se
apelotonan entre la sangre y
la comisura de mis labios.

Ayer un gorrión de barrio hizo
su nido en la cúspide de
mi hueso fémur.
Por mi pecho camina una mujer
(desnuda) descalza.
En mis pupilas negras ladra un perro

ciego.

6.

Estás enroscada en mi alma

en un sinfín elástico.

No soy nada.

Pero aún así
deseo que me mires,
quiero
estar más allá del silencio de las bocas.

En tu lengua
silenciosa
vive mi nombre.

Soy verdadero
en la luz
que me das.

Soy sólo sí
entre tú y yo
podemos perdernos.

Como una fotografía.

7.

Es el fin
y es lo único que importa.

El miedo también se olvida.




Innominado.

Un sólo pájaro
define el cielo,
la flecha
el arco que la proyecta,
la arquitectura de tus manos
el hacha del leñador,
tu boca el vino
que nombra la prístina copa,
el agua del río
la forma más pequeña que tiene la lluvia
en el perfil rizado del mar.

Una montaña es un animal que duerme.

La palabra
canta en el bosque,
en la rama,
en su hoja desnuda
se viste el benteveo
de árbol sonoro.

No conozco el nombre
de todas las cosas.

Pero un hombre solo,
sólo un hombre,
bajo el sol de la mañana indistinta
define el mundo.


...

Nocturnal.



La noche
mira con millones de ojos quietos;
y como tú
le crecen galaxias verdes en sus pupilas inmensas.

En el silencio
tomo tu mano,
acaricio tu cuerpo nocturno,
prendemos un cigarrillo infinito,
dejamos que el tiempo
corra con el humo. ​

Como tú,
mira la noche,
como tú,
suelta su oscura
melena de brea
mientras pasa
con sus fijas estrellas frías.

Comámonos la boca
y el corazón alegre,
bebámonos la vida
y el mar de nuestra sangre,
traguémonos la luz
de nuestros cuerpos de agua. ​

Sed infinita que no cesa,
tu nombre,
palabra que me hace temblar. ​

Como tú,
mira la noche,
como yo te miro
nos mira...

y amanecemos.


17.02.2021.

Humo




El tiempo para mientras te veo dormir.
Bajo esta piel de espera ondula el silencio,
muy cerca de tu boca tranquila
sube el humo del cigarro que no debo fumar en la cama.
Siento las gotas de una lluvia que cae blanda,
los galgos del amanecer se han cansado de ladrar
ya no los escucho en la oscuridad cerrada del cuarto.
Duerme la humedad vaporosa del patio como un eco,
como otro rumor donde me hundo
en la música lejana de tu respiración.


‎25/‎1/‎2024.


Fentanilo




Un océano crepuscular
va dejando palomas muertas,
con la misma persistencia
que tiene un perro ovejero
al traer una pelota roja
al borde de unos pies descalzos.

Sobre la arena húmeda
de aceite y de petróleo
se preguntó:

-¿por qué tantos pájaros
yacen
bajo mis pies desnudos?-

Él siempre había creído,
que en la costa
sólo habían gaviotas
o pelicanos.

Disfruto por un momento
de ese ardor dulce y meloso
que deja en la piel picosa
el fentanilo.

Después de un tiempo,
que era eterno,
volvió a sentir los ecos
de otro océano
bajo su piel que ardía
de cangrejos
y

cuervos degollados
con cuencas oculares vaciadas
en la gélida playa;
negros,
espesos como el petróleo
de otro nuevo 
y

aterido anochecer :
sin ninguna luz ya
en las pupilas abiertas
de estar muerto.


(18.01.2024)

El fentanilo mató en 2023 a 1500 personas por día, y es la droga que provoca más muertes por sobredosis Fuente



Silencioso




Toma mi mano: es un viaje largo, estas son las primeras baldosas amarillentas con esas guardas oscuras que no dicen nada pero que recuerdan a las cosas viejas; como esos trenes de vapor levantando la nieve espesa en nubes de helados de limón. Un poco más allá, -no te preocupes, son algunos pequeños pasos solamente-están las primeras macetas de terracota con sus plantas carnosas de nombres a veces graciosos: la rustica cola de burro, la planta de jade con su florecilla rosada, la aterida Katy flamig que siempre quiere su bufanda, la aloe vera tan medicinal en ocasiones.

La pared de adobe salobre nos está guiñando un ojo,
con qué sutil dulzura hace su vaivén de pestañas descascaradas, el sol crepuscular pone más bella aún la hiedra que se cubre con una luminiscencia aterciopelada, hay arañas allí, sus telas desprolijas están quietas en el aire ausente, péndulan, ansiosas, listas, golosas; ávidas de moscas o de mosquitos desavenidos para sus trampas estratégicas de seda imperceptibles. -Mira- esa es la canilla del patio, es tan vieja como la casa, de gota en gota va marcando la liquida temporalidad que pasa hace más de cien años; ¿ cuántas lunas fueron rodando en este patio hasta hoy ? -Imagina- la luna de queso, el amor imposible de las lauchas, girando por este patio de baldosas de un amarillo marchito.

Un poco más allá hay otra puerta, es de madera ajada,
mal pintada por la desidia, da al fondo de la casa, -podemos ir, no temas, no sueltes mi mano;- vamos hacia dónde viven los agapantos, los rosales con sus rosas de sensualidad aturdida, hay mucho césped allí,
si miras hacia arriba suspendido esta un colibrí, con todos los colores de fucsia de verde encendido, vuela a confundirse con la oscuridad de las marquesas.

Podemos inventariar las nubes recostados en el suelo del jardín, ver sus formas cambiantes de un daguerrotipo azaroso contra el celeste intenso lejano; ese otro mar cóncavo mirado desde abajo, caracolas sinfónicas de arena tintinean en lo alto; la lunática mujer del sol suelta su blanco pelo de eternidad distante, baila la tarde soleada como una joven gitana bajo la luna; se nos va metiendo el cielo en el alma suspendida, corre bajo nuestro cuerpo aguas de tiempos precámbricos; desde un casi imposible primer segundo
con la probabilidad toda de no ser nunca, hasta el sí fue, en un colosal estallido primigenio de la luz gestada del cosmos a historia irrevocable de un planeta que agoniza intoxicado en largos gemidos de cetáceos cantores, distorsionados por el bochinche de cuantiosísimos quintales plásticos botados en los océanos, únicamente por la ambiciosa imbecilidad irracional de los humanos.

Siente cómo crece la sombra fatigada de los árboles; sensible sonámbula del reloj fantasioso de los calendarios; -pero ya estamos aquí, a pesar de mí y de tu miedo-, no fue fácil llegar; donde el nuevo color del pasto virgen crece en nuestras espaldas adoloridas, donde nos va cubriendo con pequeñísimas
manos húmedas de savia cristalizada, donde nos vamos hundiendo en un tobogán larguísimo, lento suave pesado descenso inexorablemente hacia dónde viven tantas cosas adoradas, quien sabe, cosas que ya no son, que fueron.

Nos hundimos con los sueños encadenados a los tobillos de sendas esclavas de obligaciones nuevas, viajamos a la tranquilidad de nuestra madre inmensa, hacia la oscura tierra, blanda, minuciosa, terrible en la verdad de estar vivo, tan libre de perjuicios, pero tan justa, sí, aquí, junto a tantos seres que extrañamos, intensamente amados, insoportablemente muertos, en esta profundidad aguda, honda profundidad de magma callado, aquí donde pulsa el compas del mundo la música de su rotar ingrávido, tan cerca como se pueda, en su sincronismo planetario eterno de comprensivo padre bonachón... -voy a dejarte abandonado, no temas, ahora tengo que irme-; se me hace tarde, me espera el trabajo inevitable, las obligaciones, los bancos, los boletos de tren para ir una ciudad absurda, el egoísmo citadino, los malditos automóviles, la agria oficina atestada de expedientes, todo lo gris de no ser poesía.

Se ha hecho tarde, muy tarde ya, otro día regreso a buscarte, te lo prometo, tengo que irme ahora, pero quédate tú, en este lugar hondísimo pobre corazón, mi pobre corazón silencioso, te prometo que voy a buscarte, pero quédate aquí, por favor, latiendo hasta que vuelva.



por Gustavo Cavicchia.
https://elarpatartamuda.blogspot.com/

A modo de diario #3

    
                    Hace diez días que me encuentro de licencia en mi casa, esto a raíz de una complicación de una hernia umbilical que estaba graciosamente hace quince años en mi abdomen, tomándome esto yo como si la hernia no existiera para nada. La voluptuosa hernia creció a sus anchas hasta que se atasco en el anillo del ombligo, la bola gigante junto con mi pobre mujer, todos, terminamos en la sala de urgencias del hospital de la mutual, cosa que no le gusto para nada al cirujano de guardia que amablemente dijo - mire, hay que operar ahora mismo, además; usted es un inconsciente, pero bueno, pase, deme sus datos, acuéstese en esa cama-.  

Pasado un tiempo, se saco sangre, se coloco un suero, algunos analgésicos endovenosos, se procedió, detalles más o menos a ingresar al tonto que escribe a la sala de internación con la aprobación de los nuevos cirujanos que ya habían hecho el cambio de guardia con el anterior médico. Algunas buenas horas después fui trasladado bien bañado en bata a los quirófanos del hospital donde el simpático doctor anestesista me explico el procediendo: primero una anestesia raquídea si llevaba más tiempo la cirugía abdominal habría que hacer anestesia general con intubación orotraqueal, la mar en coche, y uso de fentanilo

Finalmente desperté en la habitación del hospital confundido bajo los efectos de variados fármacos. El servicio de la obra social fue excelente: los enfermeros, ordenanzas, médicos, como el resto del personal. Mi mujer, mis padres, hermanos, cuñadas incluidas, felices, con la cirugía, con los dieciochos puntos  que quedaron en la guata (pero que en realidad era un gran bulto dado por la hernia donde antes estaba el ombligo), por suerte, sí se pudo colocar una malla protésica. Salvo por los efectos residuales de la anestesia general (qué fue lo que ocurrió finalmente), la urgencia, se resolvió de maravillas gracias a Dios. 

Pasada una noche de reposo nosocomial, se dio el alta. Ya en casa escribí este poema, el que voy a dejar acá bajo; creo que lo hice por el miedo que sentí y por todas las drogas que usaron esa tarde. El poema se llama Fentanilo, si, disculpen la originalidad. Muchas gracias. 


Un océano crepuscular
va dejando palomas muertas,
con la misma persistencia
que tiene un perro ovejero
al traer una pelota roja
al borde de unos pies descalzos.

Sobre la arena húmeda
de aceite y de petróleo
se preguntó:

-¿por qué tantos pájaros
yacen
bajo mis pies desnudos?-

Él siempre había creído,
que en la costa
sólo habían gaviotas
o pelicanos.

Disfruto por un momento
de ese ardor dulce y meloso
que deja en la piel picosa
el fentanilo.

Después de un tiempo,
que era eterno,
volvió a sentir los ecos
de otro océano
bajo su piel que ardía
de cangrejos
y

cuervos degollados
con cuencas oculares vaciadas
en la gélida playa;
negros,
espesos como el petróleo
de otro nuevo 
y

aterido anochecer :
sin ninguna luz ya
en las pupilas abiertas
de estar muerto.


(18.01.2024)

 

anexo 1 & 2

1.


Estoy cansado de llegar tarde a tantos lugares en donde no te encuentro,
crepúsculo que abandone en la mañana de un domingo festivo;
luz que en la retina sangra pálida y fatal como un eco ebrio;
como la gutural vibración profana de la tierra oscura que espera mi ser innominado:

así es mi alma
bajo tus pies de arena.

¿ Qué queda de mí,
en esta soledad de huesos arrumbados,
ocultos a tu mirada ?

De mí: pobre infeliz; ausente hasta de la nostalgia,
que llevo en la frente la marca del olvido como cualquier otro animal sin Dios
y piso mi propia sombra rápidamente para no molestar a nadie.


2.



Aún puedo mirar al viejo mar 
con estos viejos ojos y 
sorprenderme de la espuma 
que dejan las olas y 
de la voracidad infantil de las gaviotas...

y olvidar también que te he perdido,

hace tiempo,
hace mucho ya
en algún lugar de mi vida,

amor.



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